Ella contemplaba fascinada desde su ventana aquel hermoso arco iris, cuando por fin se arreglo y decidió salir a declararle su amor. Ya estaba a 3 cuadras de su casa, cuando se derrumbo el cielo. Esa lluvia atroz, de la que muy poca gente pudo salvarse. No sabia como cubrirse de ella, aunque mucha importancia no le dio, ese arco iris se había desteñido. Aun así, se metió en un hogar cercano. Desconocía aquel lugar, pero no le quedo otra opción. No había nada allí dentro, lo único que hallo fueron unas escaleras que despertaron su curiosidad, la cual la obligo a bajarlas de inmediato. Lo único que encontró en ese vacío fueron rocas.
Al cabo de 3 horas decidió asomarse con la esperanza de ver nuevamente a su dichoso arco iris. No fue así, aunque la tormenta había finalizado dejando en su lugar un cielo nublado que permaneció de esa manera durante un largo tiempo. Al llegar a su casa, se saco esos incómodos pero sin embargo esplendidos zapatos y se dio cuenta de la gran cantidad de piedras que se habían escondido ahí dentro. Desde ese día, ignorando el por que, las colecciona. Grises mas claros, grises mas oscuros, todos bienvenidos en la enorme colección. Parece gozarlo, mas aun sabiendo lo mucho que le gustaría coleccionar estrellas, tan iguales y diferentes, cada una con su brillo tan particular. O probablemente nubes, de esas que tanto despertaban su dormida imanación. O tal vez flores, tan bonitas, al menos hasta que se marchitan. Pero coleccionaba piedras, no marchitan, no mueren, son eternas, todas del mismo color.
miserable lluvia, miserable muchacha.
miserable gris.
yotengounsapoquesellama Pepe
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